Por: Estela Alejandra García Guerra.
Dedicatoria:
A mi amado esposo, Rolando Francisco Zelaya y Ferrera, mi universo entero, faro constante, inspiración profunda, sabio maestro y leal compañero en este viaje llamado vida. Gracias a él, soy —en gran parte— la mujer que hoy escribe estas palabras.
A mi hija, Mónica Alejandra Zelaya García, mi todo, mi familia entera, mi orgullo más luminoso y la razón más pura para seguir existiendo.
Microrrelato
2: El cuadro de Esther.
Cada página de su sencillo cuaderno era
una promesa. Esther, anotaba con la precisión de una cirujana frente al
bisturí, subrayaba y corregía mucho antes que yo y preguntaba más allá del
temario. No era la más rápida ni la que sacaba siempre la nota más alta, pero
era sin duda, la que más aprendía. El día que presentó su proyecto final, no
ganó el concurso, solo la certeza de que la excelencia no era perfección: era
una pasión sostenida que la impulsaba desde su interior.
No hay comentarios:
Publicar un comentario