miércoles, 23 de abril de 2025

Microrrelato 1: El último en salir.

Por: Estela Alejandra García Guerra.

Dedicatoria:

A mi amado esposo, Rolando Francisco Zelaya y Ferrera, mi universo entero, faro constante, inspiración profunda, sabio maestro y leal compañero en este viaje llamado vida. Gracias a él, soy —en gran parte— la mujer que hoy escribe estas palabras.

A mi hija, Mónica Alejandra Zelaya García, mi todo, mi familia entera, mi orgullo más luminoso y la razón más pura para seguir existiendo.

Microrrelato 1: El último en salir.

 

Los pasillos de la Universidad estaban casi vacíos y las luces, tenues. Sólo quedaba prácticamente él. Alejandro. El que rara vez hablaba, pero que, en los momentos más inesperados, formulaba preguntas hondas, necesarias, que nadie más en el salón de clases se atrevía a realizar cuando el silencio parecía haberse vuelto ley. Nos quedamos dos horas más, desentrañando ecuaciones y despejando dudas, como si en cada número halláramos una clave secreta y, en cada pregunta, un mapa hacia algo más que una simple respuesta.

 

-       “¿Cree que valga la pena tanto esfuerzo, Profe?” me dijo.

Lo miré directo: “La excelencia no se mide por aplausos, Alejandro, sino por la silenciosa satisfacción personal con la que cierras un día así, como hoy”

-       Asintió. Y siguió.

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